En la pampa nortina no solo se forjó la riqueza mineral que sostiene al país; allí también nació, a pulso de huelga y sacrificio, la conciencia de clase del movimiento obrero chileno. Hoy, cuando los directorios transnacionales pretenden reducir el futuro del trabajo a una planilla de algoritmos y despidos “optimizados”, la capital minera vuelve a levantar la voz.
Con la presencia de 183 delegadas y delegados provenientes de múltiples sectores productivos y regiones —desde las faenas del cobre hasta las plantas salmoneras y aulas de Chiloé—, se llevó a cabo el primer plenario que dio origen a la Declaración de Antofagasta: una hoja de ruta sindical para enfrentar la subcontratación, la ofensiva flexibilizadora y la ola de automatización tecnológica.
Ni tecnofobia ingenua ni sumisión al capital: la tecnología al servicio de quien trabaja
Uno de los aspectos más innovadores y potentes de este encuentro fue su postura ante la inteligencia artificial y las tecnologías digitales. Lejos de atrincherarse en un rechazo testimonial o de caer en la resignación que promueven las gerencias corporativas, el plenario demostró en la práctica que las herramientas tecnológicas no son propiedad exclusiva del empresariado.
Las intervenciones, debates y propuestas de las dos jornadas —nutridas por el aporte de especialistas como el historiador Sergio Grez y la antropóloga Karina Narbona— fueron procesadas y sistematizadas en tiempo real mediante herramientas de inteligencia artificial para agrupar los nudos críticos laborales, para luego ser debatidas y votadas democráticamente en una plataforma digital por las bases.
Como bien explicó Fernanda Jiménez, dirigenta sindical del Centro Integrado de Operaciones (CIO) de BHP:
La transformación tecnológica se nutre del conocimiento del trabajador, pero casi nunca lo considera al momento de tomar decisiones. Queremos discutir cuál será el beneficio para quienes trabajan y no solamente para el gran capital. Las herramientas de IA también pueden y deben ser aprovechadas por las organizaciones de trabajadores.Fernanda Jiménez, dirigenta sindical del CIO de BHP
La advertencia sindical es certera: el riesgo de la automatización no es únicamente la pérdida de puestos de faena tradicionales, sino la creación de nuevas funciones remotas desarrolladas bajo esquemas de subcontratación opaca, aislamiento del trabajador y destrucción de convenios colectivos.
Dolores comunes: de la mina al salmón y la escuela
Aunque las realidades operativas de una sala de control minero a mil kilómetros de la faena difieren de la rutina en un liceo público o en una planta procesadora de salmón en el sur, el plenario constató que el modelo de precarización patronal es exactamente el mismo:
- El cáncer de la subcontratación: la fragmentación artificial de cuadrillas y turnos para evitar la sindicalización unificada y deslindar responsabilidades frente a la salud ocupacional.
- La trampa de la fragmentación sindical: un Código del Trabajo diseñado para mantener sindicatos pequeños atomizados por empresa, impidiendo la fuerza solidaria de la negociación ramal.
- El secuestro de la productividad: las ganancias multimillonarias derivadas de la innovación técnica van íntegramente a las cuentas de los holdings, mientras la fuerza laboral asume la sobrecarga mental y la incertidumbre del desempleo.
Una hoja de ruta territorial para la clase trabajadora
La Declaración de Antofagasta marca un quiebre necesario con el sindicalismo de oficina que espera pasivamente los proyectos de ley del Ejecutivo. Plantea con nitidez la urgencia de:
- Articulación sindical territorial: superar la trinchera aislada de la empresa o faena individual para construir alianzas entre trabajadores de la minería, la educación, la industria y los servicios en cada región.
- Control democrático de la transición digital: exigir que cualquier proceso de automatización en industrias estratégicas cuente por ley con la participación vinculante de las organizaciones sindicales, garantizando reconversión laboral real, reducción de jornada efectiva y reparto de beneficios.
- Poner fin a la doctrina del descarte: defender la dignidad del empleo frente a quienes promueven la flexibilización horaria y el reemplazo de mano de obra consolidada por contratos precarios.
Desde la Central Autónoma de Trabajadores (CAT) saludamos y respaldamos con fuerza este ejercicio de debate autónomo, democrático y descentralizado. Antofagasta nos recuerda que las respuestas a las transformaciones del siglo XXI no vendrán de las consultoras patronales ni de los pasillos ministeriales de Santiago: vendrán de las asambleas, de las bases organizadas y de la convicción histórica de que el progreso técnico sólo tiene sentido si emancipa y dignifica a quienes mueven a Chile día a día.


