Toda discusión sobre jornada supone que alguien está cuidando mientras se trabaja. Ese alguien casi siempre es una mujer y casi nunca aparece en el cálculo.

Un sistema de cuidados no es una política social paralela a la laboral: es la condición para que la reducción de jornada signifique algo distinto para hombres y mujeres.

Mientras no se nombre, el ajuste lo sigue pagando el hogar.