Hay que reconocerle una cosa a la imaginación patronal chilena: nunca se les acaba la creatividad para explicarnos por qué apretarnos el cinturón siempre nos toca a los mismos. Si el combustible sube a precios estratosféricos, culpa suya por no andar en bicicleta. Si un kilo de carne o el aceite ya parecen bienes de lujo, la recomendación tácita es comprar menos o endeudarse en tres cuotas con interés en el supermercado.

En medio de este escenario donde llegar a fin de mes califica como deporte de alto rendimiento, la Central Autónoma de Trabajadores (CAT) salió a golpear la mesa con una plataforma de cinco puntos básicos. Y aunque para algunos en el sector empresarial esto suene a “exageración gremial”, basta mirar los números que publica semana por medio la Fundación SOL para darse cuenta de que no es capricho: el salario chileno promedio no alcanza para cubrir la canasta básica y la mitad del país vive bicicleteando deudas solo para comer.

Frente al libreto económico del gobierno de José Antonio Kast —donde cualquier derecho laboral parece tratarse como un “estorbo para la inversión”—, la propuesta de la CAT pone el dedo justo en la llaga de lo que muchos comentan en voz baja en la micro o en el casino del trabajo:

  • Sueldos al día, no migajas: si todo sube menos la remuneración, en la práctica te están bajando el sueldo todos los meses sin avisarte. La CAT exige un aumento general por ley, porque la inflación no se paga con discursos de esfuerzo personal.
  • El truco de la sala cuna: el plan oficialista de financiar la sala cuna universal sacándole plata al Fondo de Cesantía es, en buen chileno, hacer que Juan pague el almuerzo de Pedro con la plata que tenía ahorrada para no morirse de hambre si lo echan. La central avisa: la cesantía no se toca para ahorrarle costos al Estado ni a los grandes empleadores.
  • Las 40 horas no eran un simulacro: costó años bajar la jornada laboral para que ahora, vía resquicios o “flexibilidad pactada”, pretendan meter la letra chica y diluir el tiempo de descanso familiar.
  • El mes por año bajo amenaza: cada cierto tiempo revive el fantasma de eliminar o topar la indemnización por años de servicio con la excusa de “dinamizar el empleo”. La traducción real es simple: abaratar el despido para que echarte salga gratis.
  • ¿Jornadas de 52 horas? El reloj al revés: disfrazar semanas de más de cincuenta horas de trabajo bajo el rótulo de “libertad para elegir turnos” huele más a siglo XIX que a modernización. El cuerpo humano tiene un límite, por mucho que las planillas Excel del ministerio digan lo contrario.

La advertencia que deja la CAT en el tintero no va dirigida solo a las autoridades, sino directamente a quienes viven de un contrato: si el costo de la vida sube al ritmo del cohete y los derechos retroceden a paso firme, esperar sentados a que el mercado “se regule solo” suele terminar con la cuenta en rojo y menos tiempo libre en la casa.